Un joven practicante de artes marciales y meditación caminaba todos los días hacia su Dojo de entrenamiento varios kilómetros. A la ida y a la vuelta pasaba por la casa de un supuesto maestro. Cada vez que pasaba por allí el joven cambiaba su postura y apretaba los músculos. El maestro bebía té.
El joven ideó diferentes estratagemas para llamar la atención del maestro. Portaba sus libros y al pasar delante del maestro empezaba a leerlos en voz alta. El maestro sonreía y bebía té.
Otro día decidió pasar a la acción y hacer movimientos de sus formas delante de la casa del maestro. El maestro escuchó ruidos y al ver al joven se dio la vuelta a buscar su té.
El joven no se desanimaba y decidió hacer posturas de meditación y potentes mudras al pasar por la casa.
Así día tras día sin captar la atención del arisco maestro.
Un día el joven decidió preguntarle: “Siempre que paso por su casa le muestro mi práctica, mis libros, mi conocimiento, mis katas y mis posturas, pero usted, que supuestamente es un maestro no dice ni hace nada. Creo que usted no es lo que otros manifiestan”
El maestro contestó: “¿No te das cuenta de que lo que tu tratas de recordar es lo que yo trato de olvidar?”






