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sábado, 24 de julio de 2010

Si me abrieran el cerebro encontrarían…


Si me abrieran el cerebro encontrarían nada...

 No hay nada mágico ahí ni nada especial. Nada por lo que vaya a triunfar o conseguir algo.

Nada que pueda conquistar un corazón, vivir una vida de sueño, o hacer feliz a alguien.

 Nada por lo que puedas sentirte distinta, nada por lo que me puedas conseguir como gran amigo.

 Nada que pueda servir de ejemplo a otros, inspirar vidas o crear ideas.
 Mucho menos hay allí algo que pueda salvar a la humanidad o avanzar en la conciencia.

 Si me abrieran el cerebro no encontrarían algo que no te defraude o te dañe.
 No hay nada que te pueda ilusionar, o que puedas decir que ser más lindo. 
 Nada que puedas sentir que soy único, especial o maravilloso. 
 Nada por lo que alguien deba quedarse o acompañarme.

Nada por lo que me tengas que darme tu corazón o compartir tus sueños. 
 Ya quisiera yo todo eso, pero no tengo de eso.

Ahora lo veo claramente, sin tanta tristeza… Aunque todavía no soy humilde. 

 “Si me abrieran el cerebro encontrarían un gran guante de boxeo. Es todo lo que soy”


Marvin Marvelous Hagler, ex – campeón mundial de los pesos medios.

sábado, 3 de julio de 2010

La práctica agradable



Al inicio la práctica agradable es importante. La buena postura, la respiración profunda y la técnica correcta. Nos sienta bien y nos gusta. Nos relaja y aparcamos los problemas cotidianos. Nos da identidad y por un rato sentido. Podemos elegir nuestra práctica. Nos sentimos libres. Sonreímos pero no sabemos lo que esconde. La práctica agradable es finita.

Al final la práctica sagrada es la verdadera. Austera, sin nombres, sin etiquetas, siempre incómoda, lejos del apego y rechazo, y del me gusta me disgusta. Nunca acaba ni se conforma. Vive en el caos. Es infinita. Es el jaguar de la noche. Sólo la práctica sagrada entiende el vacío debajo de las formas.

sábado, 10 de abril de 2010

Con vergüenza y sin vergüenza


Al inicio trabajamos con demasiada vergüenza escondiendo lo que es obvio enfrente del vacío.
 
Después superamos la vergüenza y así podemos abrirnos al vacío.
 
Ahí nos atascamos… y llega el peligro. El peligro de trabajar sin vergüenza indefinidamente.
 
La responsabilidad nos enseña otro tipo de vergüenza.